Con la liberación del cepo, el atesoramiento alcanzó más de US$9.300 millones en el segundo trimestre, impulsado principalmente por compras de billetes. El fenómeno refleja una fuerte preferencia por el dólar en personas naturales y empresas.
Panorama del atesoramiento
- Durante el segundo trimestre —luego de la flexibilización del cepo—, el atesoramiento alcanzó US$9.298 millones, el nivel más alto desde 2019. Entre enero y marzo, por el contrario, se registró desatesoramiento por US$531 millones, producto de ventas netas de billetes y repatriaciones de inversiones.
¿Qué explica el fenómeno?
- La eliminación de restricciones tras abril permitió a particulares y empresas comprar divisas libremente.
- El 59 % de este volumen se dio en compra neta de billetes y el resto en transferencias o inversiones externas .
- En meses como mayo y junio, el atesoramiento individual creció un 60 % y 26 % mensualmente, duplicándose en poco tiempo.
Empresas también participan del movimiento
- El uso del dólar en servicios corporativos se disparó: en el primer semestre, las transferencias en dólares crecieron un 121 % interanual, consolidando una tendencia creciente en pagos empresariales, incluidos sueldos y contratos.
Implicancias económicas
- Este despliegue de demanda de divisas genera presión sobre el tipo de cambio y reduce reservas netas, en un contexto ya marcado por un déficit de cuenta corriente que puede superar los US$15.000 millones en 2025 —cinco veces lo previsto en el acuerdo con el FMI .
- La fuerte entrada a billetes evidencia una preferencia por dólar liquidez ante incertidumbre política y economía volátil.
Comparativo histórico
- El nivel de atesoramiento registrado en el primer semestre de 2025 supera al de años con cepo fuerte —siendo incluso el mayor desde 2019 y superando los US$4.700 millones en reservas acumuladas de años anteriores.
En síntesis
La creciente preferencia por el dólar se aceleró tras el levantamiento del cepo, con compras récord de billetes y transferencias que convierten a 2025 en el año de mayor atesoramiento desde 2019. El fenómeno impacta directamente en reservas, tipo de cambio y expectativas cambiarias, mientras empresas adoptan cada vez más moneda dura en sus transacciones financieras.

















