Ola de frío revela debilidad del sistema energético: cortes de gas y luz en plena emergencia

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Crisis en el suministro

En menos de 24 horas se convocaron tres reuniones del Comité Ejecutivo de Emergencia (Enargas, distribuidoras y transportistas) para priorizar la demanda doméstica frente a contratos industriales y de GNC.

Durante la ola polar que azotó al país, el consumo récord de gas y electricidad puso al límite las redes energéticas, lo que derivó en interrupciones en hogares, industrias y estaciones de GNC, y evidenció la falta de inversión estructural en el sector.

Se interrumpió el suministro a industrias y estaciones de servicio, y se limitaron las exportaciones de gas a Chile, mientras se registraron más de 100.000 usuarios sin electricidad en el AMBA.

Problemática estructural

El aumento en la demanda se combinó con fallas en la producción de Vaca Muerta y baja capacidad en el gasoducto Perito Moreno, operando solo al 70 % de su capacidad

El sistema eléctrico también falló: se cortó la corriente en sectores del AMBA debido a la imposibilidad de las usinas de mantener la generación eléctrica sin gas.

Falta de inversión como raíz

Especialistas coinciden en que restablecer la calidad de los servicios requiere una inversión cercana a USD 25.000 millones, una cifra inalcanzable sin participación de capital privado o ajustes en tarifas .
Un exsecretario de Energía advirtió que “la gestión actual no puede resolver en un año el daño de dos décadas”, aunque instó a acelerar las obras necesarias.

Están previstas licitaciones en los próximos meses para reforzar la red energética y evitar que vuelva a colapsar, aunque admiten que podría repetirse en el próximo verano

La temperatura comenzará a moderarse a partir del 3 de julio, pero el riesgo persiste: el sistema sigue presionado y vulnerable a temperaturas extremas.

La reciente ola de frío destapó las fisuras del sistema energético nacional: escasa inversión, sistemas obsoletos y políticas tarifarias restrictivas. Las urgentes emergencias de corto plazo —cortes en gas y electricidad— obligan a pensar en una estrategia sólida de largo plazo. Para evitar nuevos colapsos, será clave atraer inversión y otorgar prioridad política al fortalecimiento de la infraestructura energética.

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