El sistema financiero argentino detecta un deterioro creciente en el cumplimiento de pagos de tarjetas y préstamos personales. Las tasas de mora suben, se disparan los refinanciamientos, y hogares y empresas enfrentan mayor presión financiera.
La morosidad en tarjetas de crédito y préstamos personales alcanzó niveles récord en el primer trimestre de 2025. Según datos del Banco Central, el incumplimiento en tarjetas subió al 2,8% en marzo, el punto más alto en tres años, mientras que los préstamos personales escalaron a un 4,1%, máximo en nueve meses. A la par, se duplicó en un año el uso del llamado “revolving”: el saldo impago que se financia mes a mes con tasas altísimas.
El fenómeno preocupa a bancos y analistas. Las entidades financieras observan un aumento sostenido de los cargos por deuda incobrable, que ya representan el mayor porcentaje sobre activos del sistema en los últimos cinco años. Al mismo tiempo, crece el uso del pago mínimo, una opción que implica tasas nominales del 84% y un costo financiero total que puede superar el 150% anual.
El impacto no solo se registra en el consumo familiar. Las empresas también evidencian señales de fragilidad: en abril se rechazaron más de 64.000 cheques, con una tasa del 1,3%, la más elevada desde 2020. La combinación de caída del consumo interno, suba de costos y restricciones de acceso al financiamiento complica a sectores clave como comercio, construcción e industria.
Un informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) refleja que el 58% de las deudas con tarjeta están vinculadas a la compra de alimentos. Además, el 15% de los hogares tomó nuevas deudas en 2025 y un 12% arrastra compromisos desde años anteriores. Más de la mitad de las familias destina entre el 40% y el 60% de sus ingresos al pago de obligaciones financieras.
La Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) confirmó en su último reporte que la morosidad de los créditos a familias subió a 2,9% en febrero, con las tarjetas como principal fuente de incumplimiento.
En este contexto, tanto bancos como reguladores financieros monitorean de cerca la evolución del crédito minorista y empresarial. Las tasas elevadas, el enfriamiento del consumo y la incertidumbre económica generan un terreno complejo para la recuperación sostenida de la actividad. Mientras tanto, el endeudamiento crece, y con él, la presión sobre los sectores más vulnerables.

















