Cada 7 de agosto se celebra el Día de San Cayetano, santo del pan y el trabajo. Miles de fieles acuden a su santuario en Liniers y a capillas en todo el país para pedir o agradecer por sustento, empleo y estabilidad, con oraciones, velas y devoción popular.
¿Por qué el 7 de agosto?
Ese día marca el aniversario del fallecimiento de Cayetano de Thiene en 1547, quien consagró su vida al servicio de los más necesitados y fundó la Orden de los Clérigos Regulares (Teatinos). Su imagen se convirtió en símbolo de providencia y humildad, consolidándolo como patrono del pan y del trabajo. Su devoción se arraigó profundamente en Argentina durante la gran crisis económica de los años ‘30, cuando su intercesión fue asociada a proteger a quienes se quedaban sin ingresos.
¿Cuál es la oración tradicional?
Una de las plegarias más divulgadas es:
«¡Oh glorioso San Cayetano! Aclamado por todas las Naciones; Padre de Providencia, porque con portentosos milagros socorres a cuantos te invocan con fe en sus necesidades. Te suplico me obtengas del Señor oportuno Socorro en las angustias presentes y sea ello prueba de la bienaventuranza eterna. Amén.».
También se reza esta versión más breve en misas y momentos de devoción:
“¡Oh glorioso San Cayetano, Padre de la Providencia!, no permitas que en mi casa me falte la subsistencia y de tu liberal mano una limosna te pido en lo temporal y humano. ¡Oh glorioso San Cayetano!, providencia, providencia, providencia. Glorioso San Cayetano, interceded por nosotros ante la Divina Providencia, amén.”.
En resumen
San Cayetano es honrado cada 7 de agosto como símbolo de esperanza en la Argentina, especialmente entre los sectores populares. Su festividad, marcada por plegarias fervientes como las citadas, refleja una fe profunda en la providencia y en la promesa de alimento, trabajo y protección.

















