La Cooperativa La Riojana atraviesa un momento crítico: desplome del consumo, cambios regulatorios y presión impositiva

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La Cooperativa La Riojana, una de las entidades vitivinícolas más importantes del noroeste argentino, atraviesa “un momento difícil”, según confirmó su tesorero, el ingeniero José Luis Bellia. La caída en el consumo interno, el encarecimiento fiscal y los recientes cambios en la regulación del sector generan un escenario complejo para la vitivinicultura nacional.

La preocupación en la industria se profundizó tras la Resolución 37 del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que establece que a partir del 1 de enero de 2026 el organismo reducirá su fiscalización para concentrarla únicamente en la etapa final de comercialización del vino. Esta medida fue interpretada por bodegas y cooperativas como un avance hacia la desregulación total, lo que genera temores sobre la calidad, la trazabilidad y la competencia desleal dentro del sector.

Bellia explicó que, en los últimos meses, las ventas de vinos de consumo masivo —especialmente los que forman parte de la mesa familiar— registraron “un parate significativo”, que atribuyó directamente a la pérdida del poder adquisitivo de la población. “La gente simplemente no tiene dinero”, lamentó, al remarcar que el descenso en las ventas no responde a la producción sino a las condiciones económicas del país.

A esto se suma un cambio de hábitos en los consumidores más jóvenes, quienes se inclinan cada vez más por bebidas alternativas como cervezas artesanales, tragos listos para tomar o bebidas saborizadas con menor graduación alcohólica. Esta tendencia, que se viene consolidando en todo el país, afecta especialmente al vino común y a los productos de menor precio, que históricamente han sostenido a muchas cooperativas.

El tesorero de La Riojana también remarcó que los costos impositivos impactan de manera significativa: “Los impuestos nacionales, provinciales y municipales terminan encareciendo el producto y limitando su competitividad”, señaló. La carga tributaria, sumada a la caída del consumo, deja a muchas entidades en una situación de vulnerabilidad financiera.

A pesar del difícil contexto, Bellia destacó el acompañamiento del sector productivo y confirmó que entre el 20% y el 25% de la producción de la cooperativa se exporta. Ese segmento internacional se volvió clave para generar divisas y amortiguar parcialmente la caída del mercado interno.

Respecto del rumbo regulatorio, Bellia aseguró que el sector necesita equilibrio. “Trabajar con más de 900 regulaciones es imposible, pero tampoco es posible hacer las cosas bien dejando todo librado al mercado”, advirtió. En ese sentido, consideró fundamental mantener controles que aseguren la genuinidad y la sanidad del producto, pilares que sostienen la reputación del vino riojano tanto en Argentina como en el exterior.

El escenario que enfrenta La Riojana sintetiza las tensiones de la vitivinicultura nacional: la caída del consumo por la recesión económica, la presión fiscal, los cambios en los hábitos de los jóvenes y la incertidumbre generada por las desregulaciones. En medio de ese mapa, la cooperativa intenta sostener producción, calidad y trabajo, a la espera de que el mercado interno recupere oxígeno y las reglas de juego vuelvan a estabilizarse.

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