UNIR advierte despidos “por goteo” en el Parque Industrial riojano mientras la producción se desploma

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La Unión de Industrias Riojanas (UNIR) lanzó una advertencia alarmante: en el Parque Industrial de La Rioja se estarían produciendo despidos continuos y silenciosos —“por goteo”— como consecuencia de la caída del consumo, la competencia con importados y la falta de previsibilidad macroeconómica.


El reclamo de los industriales

Según la cámara empresarial local, al interior del Parque Industrial se observa una pérdida progresiva de empleos que no siempre captan la atención pública, pero que reflejan el estrés estructural del sector. “La caída del consumo no encuentra fondo”, dijo Juan Serrano, vicepresidente de UNIR. “A eso se suma la apertura indiscriminada de importaciones, que hace que compitamos de desigualdad de condiciones”.

Serrano puntualizó que la industria textil es una de las más afectadas en esa dinámica: “El 20 % de las telas que se consumen en el país se hacen en La Rioja”, señaló, y subrayó que cuando un polo tan relevante opera en crisis esto repercute con intensidad local.

Producción al mínimo y crisis estructural

El escenario ya no es sólo de despidos: la capacidad operativa del Parque Industrial está en niveles extremadamente bajos. Según UNIR, muchas fábricas funcionan al 30 % de su capacidad instalada, lo que indica efectos acumulados de la falta de demanda y la competencia externa.

A esto se suman casos concretos de suspensiones. Una de las últimas empresas afectadas fue DINPE (del rubro packaging), que decidió suspender toda su planta por 30 días, abonando un 75 % del salario de los trabajadores.

El contexto general está marcado por un consumo interno retraído desde hace al menos dos años, lo que fragiliza la previsibilidad para las empresas. Serrano criticó que aunque no objetan las importaciones por sí mismas, el problema radica en que sus condiciones de llegada no son equivalentes a las que enfrentan los fabricantes locales —subsidios, menores costos logísticos o menores cargas— lo cual genera un desbalance competitivo.

Además, la inestabilidad política-económica alimenta la incertidumbre. Serrano mencionó tasas de interés elevadas, inflación, cambios frecuentes de escenarios y la imposibilidad de formular planes de mediano plazo. “Uno arma una estrategia, pero eso se desarma”, advirtió.

Impacto social, riesgos y respuestas posibles

El efecto inmediato es una reducción de empleo formal industrial, con trabajadores cada vez más expuestos a suspensiones, contratos temporales o despidos indirectos sin gran cobertura mediática.

Los gremios y actores locales podrían exigir compensaciones o planes provinciales que mitiguen el impacto. Ya se han reportado esfuerzos locales para intervenir mediante herramientas financieras provinciales, convenios con bancos locales o estímulos menores, pero esos mecanismos muchas veces resultan insuficientes frente a una crisis arraigada en el ámbito nacional.

En el plano político, la situación tensiona la agenda nacional: los discursos oficiales que promueven aperturas, libre competencia y disciplina macro sin medidas adicionales de protección industrial pueden chocar con la realidad palpable de pérdida de empleo en las provincias industriales.


La advertencia que hace UNIR —sobre despidos continuos “por goteo” en el Parque Industrial riojano— no es un llamado aislado: condensa el desgaste industrial que enfrentan muchas provincias argentinas. Que la producción funcione al 30 %, que se suspenda una planta o que cada semana se pierda un puesto habla de una crisis silenciosa, pero profunda. La pregunta que queda latente es si el Estado —nacional y provincial— podrá diseñar y ejecutar políticas que detengan esa hemorragia antes de que el tejido productivo local sufra daños irreversibles.

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